Está dando mucho de sí la tala de árboles.
Claro que la distancia ayuda a aclarar las ideas, a veces, y que cuando regresamos tratamos de mantener la claridad adquirida. Eso es el proceso de entendimiento y de adquisición de conocimiento, y quizá con un punto de pretensión, de conformación de la sabiduría.
Pero la idea del comentario anterior iba por otro lado, por las otras veces, por aquellas veces, en que la distancia no aclara sino que radicaliza y enquista. No ilumina sino que oscurece y ciega.
La cuestión es cuándo nos pasa una cosa o cuándo la otra.
Las primeras situaciones vendrían representadas por las personas rudas y primarias, dándole a ambos apelativos el más positivo de los posibles significados, que de un contexto parco en estímulos extraen envidiable lucidez. Y la regalan sin escatimar enriqueciendo su alrededor.
Las segundas por aquellos prohombres, o promujeres, brillantes y eruditos que, encumbrados en sus castillos no aciertan más que a inundar su jardín de plantas emponzoñadas.
Del primer tipo de situaciones tengo muchos recuerdos, sobre todo de tierras adentro. Como muestra del segundo tengo la hiriente experiencia que está sufriendo un querido amigo. Quizá podamos profundizar en ello algún día.
martes, marzo 27, 2007
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