jueves, agosto 07, 2008

Nuestras tertulias: El progreso. Junio 2008

Siguiendo con la reseña de las tertulias, hoy le toca a “El progreso”.

El día 28 de junio, según lo previsto, nos reunimos en Collbató. En esta ocasión fue Cati quien nos ayudó a hacer la siesta con su gigantesca paella: gigantesca en tamaño y, sobre todo -¡qué vamos a decir a estas alturas sobre las paellas de Cati que no sea de sobras conocido en este y otros confines del Universo- en calidad. Tampoco pudimos contar con Imma y con Alfréd por circunstancias familiares –benignas por cierto-, ni con Isabel, también familiares y también benignas.

Pero ahí nos pusimos el resto de los pensadores y algo salió. Como la experiencia es un grado, aplicamos el método de la rueda introductoria que de nuevo dio muy buen resultado.

A Isabel le habíamos ofrecido en la reunión anterior el que fuera ella la que eligiera el tema del día pero algún diablo hizo algún hueco en alguna mente, la mía, y el ofrecimiento quedó en el olvido. Desde aquí le pido disculpas y haremos lo posible por arreglar el entuerto.

Trascribiré a continuación sendos escritos de Cati y mío respectivamente con los que, aparte de impresionar al personal, tratamos de acercarnos por diferentes lados a la idea de progreso.


¿Progreso o retroceso del Progreso?

Si definimos progreso como la creencia en que la naturaleza y el hombre pasan por una serie de fases de desarrollo a través del tiempo, donde las últimas son mejores que las primeras, así pues, podemos decir que el hombre va progresando hacia posiciones cada vez “mejores”.
La humanidad se mueve según esta idea de progreso y algunos de los resultados más nefastos derivados de ella son:
- que las industrias de los países desarrollados cada vez fabrican más productos y sus individuos cada vez tienen mayor acceso a ellos, porque cada vez hay más productos nuevos que consumir. Como consecuencia…
-El ser humano en general desea acceder a estos bienes de consumo.
-Y los países en vías de desarrollo se esfuerzan por alcanzar a los países desarrollados en esta vorágine del consumo.
-Además, este modelo, nos define el criterio para valorar a las personas: mientras más cosas tienes más cosa eres.

Mi propuesta para esta tertulia es sólo que pensemos sobre ello. No vamos a cambiar nada, porque no está en nuestras manos, o sí, pero sí podemos intentar definir en nuestro pequeño foro, otra forma de progreso más justa para todos y, sobe todo, menos dañina con los recursos naturales. De entrada podemos contestar a las siguientes preguntas:

¿Estamos satisfechos con nuestro modelo progreso? ¿Es deseable que los países en vías de desarrollo abandones sus valores para emular a los países desarrollados? ¿En qué les podríamos ayudar, desde nuestra posición, para no caer en nuestros errores?

¿Seríamos capaces de prescindir de algunas cosas aunque tengamos posibilidades de adquirirlas?

¿Qué se podría hacer desde Occidente (a nivel de naciones) para frenar el consumo?

¿Podríamos hacer un progreso inverso, y redefinir así la idea de progreso?


Y ahora el mío claramente más rollista pero, “genio y figura ....”

¿Progreso?

Definimos progreso como “el proceso por el cual la sociedad y el individuo pasan por una serie de fases de desarrollo a través del tiempo y donde las últimas son mejores que las primeras”.
A primera vista, el enunciado anterior es intrínsecamente bueno para el hombre. Y ello es debido a que el atributo “mejores” se entiende como absoluto; sin matices que lo relativicen ni efectos colaterales negativos que lo modifiquen.
Sin embargo, es evidente este “mejores” está lleno de unos y de otros. Y la causa principal está en que identificamos “mejores” con “los que proporciona mayor bienestar”. Y más concretamente, con los que proporcionan mayor bienestar físico inmediato.
Y así esa es la cuestión: físico e inmediato. No tiene aquí cabida más bienestar que el corporal, ni a mayor plazo que ahora.

Así, hemos centrado la actividad social en la búsqueda del bienestar físico que nos proporciona la satisfacción de las necesidades básicas como el alimento, la salud y la protección -vivienda y vestido- dejando prácticamente fuera de nuestro interés los aspectos que pudieran llevar a un bienestar psicológico y espiritual.
Y, en lo que concierne a cobertura de las necesidades básicas, hemos llevado esta búsqueda mucho más allá de la obtención de los estrictamente necesario, incluso más allá de la obtención de lo razonablemente necesario. Hemos incorporado a esta búsqueda elementos como la satisfacción del ego y la competición social que la convierten en un camino desaforado por no encontrar nunca suficiente satisfacción y por no tener ningún límite.
Los alimentos ya no son alimentos: son artificiosos conglomerados de trozos de lo que fue naturaleza, aditivados por perniciosas combinaciones y envueltos en innecesarias capas de energía.
En el mantenimiento o la obtención de la salud hemos incorporado superfluos y discutibles “bienes” estéticos que, además de que también actúan como esquilmadores de nuestra naturaleza, tiene las más de las veces efectos contraproducentes contra la propia salud. Por una parte despilfarramos alimentos, manipulados por los peores procedimientos, y que nos llevan a cebarnos y por otra nos vemos obligados, por razones estéticas a consumir productos especialmente diseñados para ayudarnos a mantener la línea. Por una parte llenamos nuestro cuerpo de enorme cantidad de productos altamente nocivos que deterioran nuestra salud, y por otra tenemos que tratar de neutralizarlos con medicamentos que traten de restablecer ese deterioro.
En lo que respecta a la protección de nuestro entorno, vivienda y vestido, la situación es similar. De un techo para cubrirnos y un vestido para protegernos hemos pasado a una superflua e interminable carrera que escasamente nos proporciona mayor protección y que no nos aporta mayor bienestar. Aún no hemos terminado de consumir algo cuando ya ha dejado de interesarnos y pronto ni sabemos que existe para reiniciar de inmediato la rueda.
Superficialidad, competencia y ego frente a satisfacción de necesidades y adaptación a la naturaleza.

¿Qué decir de bienestar psicológico y espiritual? ¿Dónde están presentes en eso a lo que habitualmente llamamos progreso?
Claro que una parte de la sociedad trata de explorar estos caminos. Pero sólo de una forma lateral, como en los casos de la cultura oficial –universidades, etc- y espiritualidad oficial –religión “única”- forman parte del tronco social que constituye el progreso. Y cuando casi nunca dejan de estar contaminadas por las ideas fuerza que conforman ese progreso. En la Universidad se imparten muchas disciplinas, pero sólo las que responden a los requerimientos de esas ideas fuerza de progreso –formaciones técnicas- son consideradas útiles. Las disciplinas humanistas que no aportan valor añadido al progreso son, cada vez más excentricidades o, como máximo, curiosidades.
Y el resto son “guetos”.
Cultivar los valores psicológicos y espiritual en los mismos escenarios donde se representa la comedia del progreso es estar condenado sin remisión a que te pongan la etiqueta de raro, o de frustrado, o de incapaz que se refugia en tonterías para esconder esa incapacidad.


Con esto se nos echa encima el verano, las vacaciones, los compromisos y paree que no será posible organizar nada hasta septiembre. Ya recogeremos el testigo en esas fechas y seguiremos tirando adelante.

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